lunes, 28 de julio de 2014

Mi experiencia gastronómica en Japón


Gastronómicamente hablando Japón junto con Perú son dos de los países que más me han sorprendido, en esta entrada os hablaré sobre el primero de ellos y aunque seguro que me quedarán cosas por contar intentaré transmitirlo lo mejor posible.


He tenido la fortuna de probar esos platos tan típicos que todos conocemos y que se sirven en la mayoría de los restaurantes japoneses que hay en nuestros país, pero también he podido probar  aquellos otros que no son tan populares pero en los que radica la esencia y sabor de lo cotidiano.

No voy a descubrir nada nuevo si digo que el pescado es el producto estrella, pero la variación y formas de cocinado va más allá de un simple sushi, sashimi o maki.


El primer problema con el que nos encontraremos cuando queramos comer en alguno de los múltiples y variados restaurantes que hay en todas la ciudades japonesas es el idioma, el sentimiento es de confusión y vuelta a la infancia. Siempre existe la posibilidad de entrar en alguna de esas franquicias americanas en las cuales se venden hamburguesas o pollo, pero, como comprenderéis, en mi caso esto sólo sucede en caso de necesidad extrema o lo que es lo mismo estar a punto de morirme de hambre, jajaja.




El primer día y tras muchas horas de viaje, llegue a Osaka por la mañana, paseando  por la ciudad mi atención se centró en los  escaparates de los restaurantes repletos de lo que he dado en llamar “la comida de mentira” de la cual os hablaré al final de la entrada.

Sobre las doce de la mañana ya comienzan a llegar los primeros comensales y las cocinas están a pleno rendimiento, no pude resistirme a probar unas bolitas de pulpo rebozado que cocinaban con maestría suprema a pie de calle, servidas en recipientes de caña que te llevas para comer de camino a donde sea y que cuando terminas te encuentras con el problema de que dada la ausencia total de papeleras no sabes donde depositar, poco a poco aprenderás que lo mejor es comer estos productos justo en el lugar en donde los venden. 



En más ocasiones pude comer pulpo cocinado de otras maneras e incluso ver, que no entender, cómo hablaban sobre este producto tan apreciado en la televisión. 



Mi primera comida fue en un restaurante en el que comí todo tipo de productos en tempura, y qué tempura, una auténtica maravilla. La bebida fue agua, que por cierto es gratis en todos los restaurantes, es el primer país en el que tomé agua no mineral sin ningún tipo de dudas, y como me confirmó mi guía al día siguiente, el agua es pura, pura, miden cada día más de 52 parámetros diferentes.

Esa noche y después de dar muchos paseos por varias calles en las que había pequeños restaurantes, algunos con dos o tres mesas, tras mucho pensarlo y sin entender nada de la carta exterior entré en uno de ellos, sentada en la barra me ofrecieron una carta en inglés con algunas fotos de los platos, cuando comencé a leer que las supuestas brochetas de pollo llevaban cartílago, cuello, estómago ….. pedí una  que aparentemente sólo era de pechuga y verduras. A mi izquierda una pareja comía unas verduritas a la plancha que tenían un aspecto extraordinario y usando el medio de comunicación universal (señalar  con el dedo) pedí una ración, tanto me gustó que repetí. A mi derecha vi como servían higadillos de pollo completamente crudos, siento no tener foto pero mi descaro no llega hasta ese punto. Lo mejor tener al cocinero a menos de medio metro de distancia y ver como cocinaba, lo peor salir ligeramente ahumado. 



No quisiera olvidar la experiencia de saborear flor de loto, algo impensable para nosotros se convirtió en el centro de atención de una de las cenas. La había visto en algún mercado pero dado su aspecto desconocía de qué alimento se trataba. 

Otra mención especial es para la pizza japonesa, tal y como ellos la llaman, la cual pude comer en un restaurante elegido después de toda una tarde callejeando por  Kioto a la búsqueda y captura de una geisha de las de verdad que por cierto pude fotografiar cuando se subía a un taxi, lo cual creedme que no es nada fácil. Otra experiencia nueva con la que disfruté mucho sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de kms. que llevaba sobre mis pies en mi afán de ver y descubrir.


Los desayunos en los hoteles eran tanto continentales como japoneses, y aunque los primeros días sólo me limitaba a curiosear, enseguida me atreví a probar la riquísima tortilla japonesa, las algas, el salmón y otros pescados de lo más sabroso, además  me quedé enamorada con esos platos con pequeños compartimentos que permiten saborear cada uno de los alimentos que te sirves sin que se mezclen los sabores.


La omnipresente sopa de miso me encantó, creo que la comí todos los días y por supuesto tendréis mi propia versión, ya que son muchos los ingredientes y variaciones que existen dependiendo de los gustos y lugares en los que la tomemos.   


Visité un par de ciudades (Gero y Hanoke) en las que me hospedé en hoteles balneario .Para movernos por el hotel disponíamos de una preciosa yukata en la habitación, la cual vestimos con placer y con ella acudimos a la cena, una  experiencia que hay que probar. La elegancia, la presentación, y el sabor de los platos que tomé junto con el exquisito servicio  es algo que realmente merece la pena reseñar. 





Con respecto a las bebidas, no dudé en probar sake, y por supuesto cerveza nacional, que me pareció mucho más suave que la nuestra pero igualmente sabrosa. 



En algunos lugares tienes que seleccionar en una maquina situada en el exterior del restaurante el plato que vas a consumir, pagas, obtienes el ticket correspondiente, entras en el recinto, lo entregas, te lo sirven  y comes. Con este tipo de “aparatos”, sólo tuve una experiencia y fue para tomar una especie de gofres, el problema es que tuvo que salir uno de los cocineros para decirme que tecla pulsar, aunque como veréis en las fotos, estaba clarísimo, jajajaja. El sistema es curioso y supongo que resulta muy cómodo y efectivo para los que entienden el idioma y sobre todo para los empleados que se aseguran de que nadie se marche sin pagar y un control absoluto de la caja. Por ciento, la foto del supuesto gofre es de “mentira”, pero tan, tan perfecta que te dan ganas de darle un buen bocado. 




Si visitáis Japón, tened en cuenta dos cosas importantes, la primera es que en los restaurantes se paga a la salida y la segunda es que no hay propinas, con un simple “Arigatou” (gracias) y una inclinación de cabeza es suficiente para mostrar tu agradecimiento por el servicio prestado.

Y ahora os hablaré un poco de la comida de mentira, como he dicho, en la mayoría de los escaparates de los restaurantes hay platos llenos de alimentos  que reproducen exactamente el plato que os servirán, a veces aparece el menú completo, también los diferentes tipos de café, cervezas y postres que sirven están perfectamente reproducidos. Muchas veces y sobre todo a través de las fotos cuesta distinguir lo real de lo creado. Unos auténticos artistas.







A pesar de todo lo contado tengo la sensación de que todavía me faltan cosas, por supuesto habrá una entrada dedicada a los mercados y quizás durante las largas tardes de invierno cuando reviva el viaje a través de las fotografías y vídeos realizados encuentre hueco todo aquello que queda en el olvido o que en este momento no encaja en lo relatado. La verdad es que hay tantas, tantas fotos que me gustaría mostraros…… y el que haya logrado llegar hasta el final y leído todo esto merece un premio, jajaja



Un "selfie" no buscado


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