viernes, 7 de octubre de 2016

Mi expereciencia gastronómica en Namibia


Cuando viajas a otros países siempre supone la aceptación de las normas del mismo y entre ellas está el asumir que los alimentos que se tomarán durante esos días o semanas serán, en la mayoría de los casos, muy diferentes a los que tu paladar y gustos están acostumbrados.

Pocas veces se tiene la oportunidad de probar la gastronomía local en estado puro, aunque en mi caso, la visita a alguno de los restaurantes de la zona y a los mercados forma parte esencial y necesaria del viaje, de no ser así siento que me falta algo, que lo que he hecho está incompleto.

En esta ocasión, haré un artículo muy corto y sencillo ya que por mucho que quiera exprimir no encuentro de dónde sacar.

La mayoría de las ocasiones, por razones de logística, comimos y cenamos en los hoteles en donde nos alojábamos, y por mucho que quisiésemos no había más opciones ya que el pueblo o restaurante más próximo se encontraba a más de 200 kms.
Evidentemente, y como suele suceder, en los hoteles, la comida se suele adaptar al gusto occidental pero aún así he logrado probar bastantes alimentos diferentes.

Las carnes que para nosotros resultan tan exóticas y diferentes, en Namibia son de lo más común y forman parte habitual de la dieta diaria. 



Cuando oímos palabras como Oryx, impala, springbox, ñú, kudú… inmediatamente pensamos en esos magníficos animales que pueblan la sabana, pues bien, en Namibia se comen a diario, los probé todos casi siempre cocinados a la plancha y todos, sin excepción estaban buenos, aunque mis favoritos fueron el oryx y el kudú, su carne más tierna me recordaba a un buen solomillo de ternera. Los acompañamientos de las carnes eran las típicas patatas fritas y algunas verduras,  que son importadas en su mayoría de Angola o Sudáfrica ya que aquí el cultivo debido a la escasez de lluvias es más bien escaso.


Seguro que muchos de vosotros habréis oído sobre la costa de Namibia y los barcos que allí van a pescar, pues  bien, a excepción de la zona de costa que visitamos, en el resto del país apenas vimos pescado, no sé muy bien a qué será debido, supongo que el transporte…. En Swakopmund y Wavis Bay se puede comer un extraordinario pescado y marisco en cualquiera de los muchos restaurantes que hay, de hecho así lo hicimos escogiendo la pieza en el expositor que luego cocinan a tu gusto.



Las ostras merecen un capítulo aparte, se pueden comer crudas o cocinadas, he de decir que en mi caso al no gustarme crudas no llegué a probarlas pero el aspecto era muy bueno y algunos compañeros de viaje que si lo hicieron comentaban lo buenas que estaban, las aguas del país son muy frías, tanto que las enormes playas no están explotadas ya que la temperatura del agua no permite el baño, supongo que ello contribuye a que el pescado sea tan bueno.


No tuve ocasión de visitar muchos mercados, pero si me acerqué a Catatuna, uno de los barrios más importantes de Winhoek, la capital de Namibia, allí no sólo se va a comprar, también se puede comer carne recién hecha en alguna de las muchas “barbacoas” que hay, en ellas se cocina todo tipo de carne y corte, los clientes aliñan su carne al gusto con diferentes especias y sales.









También se pueden encontrar alubias, pescado y gusanos secos, guindillas y algo de verdura fresca.












Con respecto a la bebida, la mayoría de las veces me incliné por la cerveza, Windhoek es la marca más conocida y comercializada, su nombre es el mismo que el de la capital del país. En algunas ocasiones tomamos vino, siempre de origen sudafricano, merlot, cavernet, pinotage, buenos caldos blancos, tintos y rosados para maridar una buena comida.


¿Y mis queridas setas?, desgraciadamente, excepto los champiñones en los bufés de los hoteles, poco más pude ver, aunque seguro que hay y para muestra un botón muy grande. 


África es uno de esos continentes a los que deseo regresar una y otra vez, independientemente de su gastronomía posee tantos encantos que te hacen sentir especial... los cielos, la vegetación, los animales, las gentes que habitan estas tierras y las espectaculares puestas de sol que trasmiten calma y paz interior son motivos más que suficientes.

¿Volveré?, no lo sé, pero seguro que lo intentaré.


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